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Hoyos Fonky

A finales de los sesenta, aunque algunos opinan que fue a principios de los setenta, se corrió la voz de un nuevo lugar, para solaz y esparcimiento de todo el personal rockanrolero: el Hoyo Fonky.
Estacionamientos, bodegones, patios de casas particulares o lo que sirviera para congregar a los chavos mas aferrados en eso de oír-ver rockandroll en vivo.
Al celebérrimo profesor de la onda y escritor, Parmedis García Saldaña, se le ocurrió un día que se puso sus famosas botas de peter pan, inventar un nombre genérico para esos espacios donde se reunían los jóvenes a oficiar sus encuentros con la música; busco y encontró un nombre que detonaba rock-marginalidad-onda: Hoyo Fonky.
 

 

Pronto estos foros empezaron a proliferar por toda la periferia de la ciudad, sirviendo como punto de reunión al personal femenino y masculino con el gusto por el rock, pero poco dinero en el bolsillo. Así fue como el Hoyo Fonky se convierte en refugio y guarida de músicos, críticos rocanroleros y sobre todo de publico ávido de escuchar rock, rock y solo rock.
El antecedente mas directo de los llamados hoyos son, en primer instancia, las pistas de hielo Revolución e Insurgentes (D.F.), pero anterior a ellas están los cafés cantantes, tales como Schiaffarelo, Hullaballo, Cerebrum, A Plein Solei, 2+2, etcétera.
 
Pero volviendo a los hoyos fonkis, fue en estos donde sobrevivió el rock durante toda la década de los setenta. En 1971- el 11 y 12 de septiembre- se realizo el mitificado festival de Avandaro, causante directo de que el rock se volviera aun más clandestino. La de los setenta fue una dura y larga noche para el rock en México; fue entonces cuando los hoyos fonkis alcanzaron importancia, puesto que se convirtieron en el único ámbito donde se podía disfrutar de un poco de rock.
Famosos recintos subterráneos han pasado a la memoria colectiva roquera: Petunias (después Chicago); Blow Up; el salón Maya; el Brasil; el que estaba arriba de el Taconazo Popis de Gante y 16 de Septiembre; el Mandril (allá por el monumento de la Revolución), el Gimnasio de la Nueva, así como infinidad de salones de fiestas que se utilizaron para hacer tocadas de rock; un taller mecánico famoso por sus eventos fue el Mustang, al norte de la ciudad, y claro, el patio de la casa de algún cuate aventado se habilitaba inmediatamente para gozar de los cuatro tiempos y tres tonos que algún incipiente rocanrolero se animaba a tocar una noche cualquiera, preferentemente, sabatina.
Sin embargo hasta hoy, es totalmente demostrable que el Hoyo Fonky sigue vigente: mal necesario pero el único escenario donde los músicos noveles pueden tener oportunidad de mostrar su talento o, peor aun, sus carencias.
Hoy en día se pueden catalogar Hoyos Fonkis a lugares como el centro cívico de Ecatepec, la arena Adolfo López Mateos de Tlalnepantla, Centro de Convenciones de Tlalne, el ex Balneario Olímpico de Pantitlan, entre muchísimos lugares mas que repito hoy en día existen.